"...nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no
si son pancartas o temblores
sobrevivientes o responsos
ven pasar árboles y pájaros
e ignoran a qué sombra pertenecen..."
Desaparecidos, Mario Benedetti
Empiezo por el final.
Con la muerte y los monstruos
siempre es así.
Escribo devastado,
sin respuestas, con mil preguntas:
¿Cómo despertó el monstruo?
¿Por qué creímos que estaba muerto?
Todo se nubla cuando él,
que creímos vencido, vuelve a gruñir.
Negacionismo.
Reivindicación.
El mismo horror.
En un país que vio todo.
Vio masacrar a obreros que pedían velas, en el inhóspito Sur.
Vio bombardear compatriotas civiles,
en pleno día, en aquella plaza
que antes fue revolución.
Vio fusilamientos en plena noche,
en basurales y aeropuertos.
(Cómo no lo vimos venir.
Creció en penumbras,
pero también a plena luz del día.)
Se sucedieron las dictaduras,
se sucedió el horror.
Pero hace 50 años descubrimos al Monstruo.
Uno que raptaba, violaba, mataba.
El de las mil y una formas de torturar y desaparecer.
(Ese que volvió ahora,
ese que nunca se fue
Como no lo vimos venir?)
Ese mismo que robó identidades
aún antes de que fueran identidades.
Bebés en cautiverio que no saben quiénes son.
(¿Hay algo más importante
que saber quién es uno?
¿A qué le gustaba jugar a su padre?
¿Qué leía su madre?
¿Qué música escuchaban?
Como no lo vimos venir?)
hoy acecha en forma de libertad,
con su grito que habíamos enterrado.
(¿Por dónde se nos escapó?)
Ese grito impune de aquellos
que desprecian la vida.
Ese grito que busca ser aleccionador
y disciplinador de toda representación.
Creeimos ahogarlo
con el NUNCA MÁS del valiente fiscal,
con los cuadros que bajo el sureño
desfachatado.
(Aún seguía latiendo, y no lo vimos,
seguía creciendo y no lo escuchamos)
Ese mismo grito hoy grita fuerte:
“Fue una guerra”, “Son hechos políticos”,
“Daños colaterales de un combate”.
(Estuvo siempre acá,
no olimos el hedor que emanaba su pelaje)
Ese grito despertó al monstruo.
Pero lo despertaro para despertarnos.
Hoy nos toca a nosotros
exigir y exigirnos
Memoria, Verdad y Justicia.
No como atesoramiento
pasivo del pasado,
sino como lucha constante.
Tenemos el deber de la Memoria
(en tiempos de amnesia obligatoria).
Exigimos el derecho a la Verdad
(en tiempos de fugaces posverdades).
Luchamos por la Justicia
(en un pais cada vez más injusto).
Porque esta lucha no es de un día,
esta lucha no es de 50 años,
esta lucha, como toda lucha
contra el Monstruo, es eterna.
Y nos va a llevar la vida.
No vamos a poder festejar nunca,
porque en la calle hay gente
que aún hoy no sabe quién es.
Por todo eso, nos debemos la memoria.
Por todo eso, vamos a volver a vencerlos.
Por todo eso, tenemos que estar atentos.
Porque el monstruo es malvado,
sabe hacer trampa,
jugando como juega el Diablo.
Al grito de cada uno de ellos,
que quiera darle brío,
a ese Monstruo infame,
debemos anteponer el nuestro.
Con la firmeza del fiscal,
con el coraje de las locas de Plaza de Mayo,
con el pañuelo blanco como bandera
y la sonrisa de una Abuela como estandarte.
A cada grito, de reivindicación y negacionismo,
debemos gritarle en la cara,
con la fuerza de los 30 mil.
NUNCA MÁS.
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